Depender de la aprobación del grupo es precisamente lo que nos hace vivir en un infierno. La gente tiene que saber cómo funciona la mente y la mente es ego. El ego funciona siempre de manera automática, su sistema consiste en engrandecer los méritos propios por pequeños e insignificantes que sean y menoscabar y restar toda la importancia posible a los logros y éxitos de los demás. Date cuenta de que a la gente no le interesan tus éxitos, sólo tus fracasos. La gente igual quiere que estés bien pero que de ninguna manera nunca estés mejor que éllos, el problema es que hay sistemas políticos como el comunismo o el socialismo directamente basados en la envidia y en el rencor y el resentimiento social que lo primero que hacen es tratar de eliminar cualquier privilegio de clase y más tarde igualar a todo el mundo por lo bajo, siempre con el que menos tiene pero al que menos tiene tampoco se le deja progresar porque si no tendría un privilegio de clase y a lo sumo se le deja llegar sólo donde tienen que llegar todos porque se trata de que todo sea lo mismo, todo homogéneo. Al final el socialismo y el comunismo destruyen proyectos de vida ante la mirada admirada de los envidiosos ( que al final será toda la masa) que no querrán que a nadie le vaya bien. En esta baja frecuencia los Arcontes-mantis del Demiurgo que se alimentan de nuestra baja energía se dan un festín.
El infierno es el otro, cómo diría Jean Paul Sartre, es el otro el que nos quiere ver caer, el que nos quiere ver mal. Pero incluso si hay adhesión es por obtener una ventaja, por obtener una ganancia (las relaciones son interesadas) y en las mujeres jóvenes sus recursos son su belleza y su juventud para obtener lo que quieren y en las mujeres maduras sus recursos son su patrimonio su dinero y su experiencia pero cómo la gente sólo se une al que le suma y no al que le resta, en un mundo en el que todos estamos restados todos estamos solos.

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